Mi conexión con el mundo del horseball fue a través de mi afición a la equitación, en concreto al salto de obstáculos, y se cristalizó observando la práctica de esta modalidad en los chavales de la hípica donde yo montaba.
Mi hija formaba parte del equipo de infantiles, y fue así como conocí el maravilloso mundo del horseball. Pero quedaba lo mejor, que es su práctica.
Es un deporte en equipo, en el que se desarrollan todas las bondades de lo que esto supone, es decir, solidaridad, compañerismo, diversión, y en definitiva, PASARLO BIEN.